Rosé 2008

Rosé

2008

La exaltación de lo desconocido

Dom Pérignon Rosé, la exaltación de lo desconocido. Cuando Dom Pérignon elige ser rosado, es una radical declaración de libertad. Libertad para aventurarse. Libertad para liberarse de las convenciones e impulsar los límites de la creación.
Nacido de ese deseo de atreverse, Dom Pérignon Rosé capta el rojo de la pinot noir en su brillo original y cultiva su fuerza vital en un ensamblaje audaz y distinguido. Templado por una lenta y magistral transformación durante casi 12 años en la bodega, Dom Pérignon Rosé es indómito y carnal, tan claro como oscuro, magnético. Su vibración abraza la exaltación de lo desconocido y es una invitación a la aventura.

LA INSOLENCIA DEL AÑO 2008

El champagne Dom Pérignon se transforma en rosado y lo hace en nombre de la audacia: la audacia de romper con todas las convenciones de la producción de champagne y de desafiar constantemente los límites de la creación. Dom Pérignon Rosé nace de esta voluntad de arriesgar, captura el rojo de la pinot noir en su brillo original y plasma su complejidad en un ensamblaje audaz y decidido. Los casi doce años de transformación lenta y de gran maestría en la bodega confieren a Dom Pérignon Rosé un carácter intenso y enérgico, claro y, al mismo tiempo, oscuro, incluso magnético.
Dom Pérignon Rosé abre las puertas a un universo desconocido para el champagne rosado.

UN ENSAMBLAJE RADICAL

La fruta, expresada con contundencia, la persistencia aromática de notable intensidad y la coherencia absoluta dan paso a un mundo de infinitas posibilidades. Dom Pérignon se libera de los cánones del champagne, reinterpretando las convenciones, y descubre la añada de 2008 a través de un atrevido ensamblaje construido a partir de las pinot noirs de las parcelas Chants de Linottes en Hautvillers y Vauzelles en Aÿ. Su carácter afrutado y su estructura potencian la precisión y el brillo natural de los vinos con más carne y gravedad. La armonía —la vocación original de la Maison Dom Pérignon— se sustenta en contrastes y oposiciones que, en ocasiones, rozan los límites de la contradicción.

LAS ESTACIONES

Dom Pérignon Rosé Vintage 2008 pertenece a una década solar. En el corazón de esta década, la añada resulta atípica: la primavera y el verano, grises y nublados, están marcados por la falta de calor, pero también de luz. De pronto —-tal y como ocurre en las añadas de 2000, 2006 o en la emblemática añada de 1996— el sol y el viento de septiembre dan un vuelco al tiempo. Así, superando cualquier expectativa, surge la tan esperada madurez y florece con un equilibrio inédito y elevado.

 

EN NARIZ

La explosión del buqué evoca al instante notas de frambuesa y fresa silvestre. Las notas empolvadas del iris y la violeta se mezclan con rapidez con el fruto y se arraigan. Al respirar, se perciben finalmente los toques de matices más verdes, que recuerdan al aligustre, la angélica y la hoja de alcanfor.

 

EN BOCA

Las primeras sensaciones resultan táctiles, carnosas y sedosas. Se despliegan progresivamente para, después, volverse más patentes. La acidez característica de la añada envuelve la estructura de la pinot para descubrir el corazón del vino. El final se muestra decidido y persiste con un perfume de peonía y pimienta blanca.

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