Vintage 2002 Plénitude 2

Plénitude 2

2002

Dom Pérignon elevated to its second life

Plénitude 2 es la segunda vida de una añada Dom Pérignon.
Durante una transformación lenta y controlada de más de quince años, su longevidad se ve prolongada, elevada. De esta manera, el champagne incrementa su energía para alcanzar un paroxismo de vitalidad. Dom Pérignon, más esencial y radiante que nunca, se despliega en todas las dimensiones para conseguir ser más amplio, más largo, más profundo, más intenso.

VINTAGE 2002 PLÉNITUDE 2

Dom Pérignon Vintage 2002 Plénitude 2 destaca por una madurez garantizada, sublimada. El vino, surgido de este carácter abundante, emerge hoy en una potencia evidente y auténtica: la de una riqueza delicada que, ampliada por la frescura y la mineralidad, se hace aérea. Evoca un dorado ligero, magnificado por la energía de la luz: un dorado radiante.


 

NARIZ

En primer lugar, la complejidad es cálida, dorada, tornasolada, de un exotismo oriental: fruta confitada, frangipane, suaves especias y cilantro fresco. Al respirarlo, el azafrán se vuelve más gris y yodado, el buqué se ensombrece poco a poco, tornándose más sobrio, misterioso, apaciguado y tranquilizador.

BOCA

El cuerpo se despliega inmediatamente en modo mayor, opulento y etéreo, enérgico y sensual, centrado siempre en el fruto. En una perturbadora correspondencia entre nariz y boca, la voluptuosidad se torna gradualmente más grave, más profunda. El conjunto mantiene la nota con intensidad, elegancia, salinidad y con un toque impreciso de regaliz.


 

DIÁLOGO ENTRE LA INVENTIVA DE LA GASTRONOMÍA Y LA PRECISIÓN DE PLÉNITUDE 2

Dom Pérignon Plénitude 2 hace de la degustación una experiencia memorable. Abundante en sensaciones y penetrante de emociones, revela un champagne que debe su intensidad a su precisión. Se reafirma en un diálogo gastronómico en el que los platos y los ingredientes realzan cada faceta del champagne, ofreciendo una auténtica experiencia de deleite.



 

UN NUEVO CAMINO HACIA LA LONGEVIDAD

La complejidad de Dom Pérignon se debe a su lenta maduración, el largo tiempo que acompaña al movimiento interior del champagne. Dom Pérignon Plénitude 2 se libera así de las leyes terrestres, proyectando su armonía original en un universo más intenso y penetrante. Elevado a alturas inusitadas, toma un nuevo camino hacia la longevidad. Y confirma de este modo su impresionante potencial de envejecimiento.


 

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